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Historia

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En El Boalo existen cinco yacimientos arqueológicos documentados: tres de la Edad Media (localizados en donde ahora está la población) y dos necrópolis altomedievales, situadas entre El Boalo y Cerceda. A pesar de esto, los primeros documentos históricos que se conocen son de mucho antes. Así, de Mataelpino y Cerceda se sabe en un documento del año 1208, donde aparecen como pertenecientes al sexmo de Manzanares de la Comunidad de Villa y Tierra de Segovia. El conocimiento de El Boalo es posterior, del siglo XV, fecha en la que figura en el libro Serranillas, una de las obras de Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana.

Pero la fundación como tal de las localidades de El Boalo, Cerceda y Mataelpino tuvo lugar antes. Como las demás localidades de la zona, tras la Reconquista fue poblada por pastores segovianos que buscaban en la ladera sur de la Sierra de Guadarrama pastos y mejor clima para sus ganados.

Posteriormente, entre los siglos XII y XIII, bajo un entorno feudal, la sierra de Madrid era objeto de conflictos sobre usos de pastos y paso de ganado, carboneo, leña, caza y derecho a la instalación de pobladores, entre el Concejo de Madrid y el Concejo de Segovia. La tierra madrileña, rica en pastos y lugar estratégico de paso, era pretendida por los ganaderos segovianos. Muchas fueron las adjudicaciones de los diversos reyes pero la más famosa fue la de Alfonso X El Sabio quien, para solucionar la contienda, incorporó a la Corona el territorio en torno al río Manzanares, delimitado por lo que hoy es Guadalix de la Sierra, Colmenar Viejo, Hoyo de Manzanares y Navacerrada, que pasó así a control real. Este territorio estaba compuesto por 20 localidades de la zona y a partir de entonces pasó a denominarse El Real de Manzanares.

Una vez convertida la zona en El Real de Manzanares, las tierras fueron pasando de unas manos a otras, hasta que, finalmente, Juan I cedió el territorio a Pedro González de Mendoza y su familia en el año 1383. Es a partir de esa época cuando puede considerarse a El Boalo, Cerceda y Mataelpino como núcleos consolidados.

No se conocen datos concretos sobre las características de los tres núcleos, ni la población que tenían durante el período que comprende los siglos XVI a XVIII. Asimismo, tampoco se conocen noticias del XVI y XVII. Lo que sí se sabe es que a lo largo de estos siglos la gente vivía mayoritariamente de la ganadería y de la agricultura y que, esta última, se cultivaba de forma comunal. En el siglo XVIII tanto a Cerceda (1747), como a El Boalo y a Mataelpino (1751), se les concedió el título de villa. En ese mismo siglo, se conoció el Catastro del Marqués de la Ensenada, en 1752, y de él se extrajeron las primeras noticias de la evolución del municipio. Así, se sabe que El Boalo y Mataelpino eran dos barrios, que entre ambos formaban una sola villa y concejo y, al igual que Cerceda, todos pertenecían a la duquesa del Infantado, dueña de El Real de Manzanares. En cuanto a los habitantes, El Boalo contaba con tan solo diez vecinos, Mataelpino con 20 y Cerceda con otros 20. Su actividad giraba en torno a las labores agrícolas y ganaderas y su economía era familiar y de subsistencia.

En 1833, todos los pueblos que componían El Real de Manzanares pasaron a formar parte de la provincia de Madrid. El Boalo, Cerceda y Mataelpino pasaron entonces a integrarse en Madrid, aunque no se sabe desde qué momento estos pueblos componen un solo municipio. En ese siglo, la población ya era algo superior: Cerceda tenía 29 vecinos y 100 almas; El Boalo 17 vecinos y 63 almas; Mataelpino 22 vecinos y 88 almas. Estos seguían trabajando el cultivo de la tierra, especialmente el de cereal, aunque surgió uno novedoso, el de la patata. También subsistían de la ganadería, especialmente de la ovina. Otra forma de vida que surgió y prosperó a lo largo del siglo XIX fue la cantería que hacía que los habitantes tuvieran que llevar piedra a Madrid.

La etapa de prosperidad llegó con las mejoras de las comunicaciones. Esto ocasionó un destacado aumento de la población. Así, en 1889 se conoció que el municipio de El Boalo (que incluye ya los otros dos) contaba con 102 vecinos y 410 almas. Durante la primera mitad del siglo XX, la población siguió aumentando y, en 1960, se llegó a 941 habitantes. Pero, con el surgimiento de nuevos materiales de construcción, hubo una crisis de la cantería y muchos canteros tuvieron que emigrar. La agricultura de esos años tenía poca relevancia y poco a poco se fueron convirtiendo los campos en pastos.

Pero todos estos trabajos han sido poco a poco sustituidos por otros relacionados con el sector servicios. Hoy, el 40 por ciento de la renta depende del desarrollo inmobiliario y de la población de temporada. Los turistas y el 60 por ciento restante se dedica exclusivamente a responder a las necesidades de esa población mediante los bares, restaurantes y hoteles que pueblan la localidad.